Ahora navegamos en un maremagnun de constelaciones en las que de forma vertiginosa entramos y salimos continuamente con solo rozar un dedo sobre una diminuta pantalla. Sin embargo, nuestro hogar es otro, en ellas quizás buscamos una excusa o, mejor dicho; un lugar para maldecir a aquellos que han usurpado la tierra que nos alimenta instalando en su lugar sus fabricas de odio alimentadas por la codicia más inmunda. Esa insaciable búsqueda nos hace aún más nómadas, quizás nunca, desde tiempos remotos, dejamos de serlo, aunque, todas las mañanas desde el mismo horizonte se levante el sol derramando sus luces sobre las aguas del Mediterráneo que todavía duerme a esas horas. No es en este momento hora de hablar de ese mar que bajo sus aguas se esconden miles de naufragios y de sueños que en tan solo un instante se fueron a pique, también aquellos que naufragaron eran nómadas que de forma vertiginosa navegaban entre otras constelaciones buscando un hogar que les cobijara porque el suyo tambien les fue usurpado por aquellos mismos. Esos que, en nombre de unas creencias que ya pertenen al pasado, pretenden servirlas en la mesa como plato único aderezado con costumbres extemporaneas, carentes de sentido para este siglo de la tecnología, de la comunicación que rompe fronteras, para que sigamos siendo sus comensales. Ya somos, porfin, conscientes de ello, pero la nueva esclavitud emerge sin parar, ansiosos por obtener un botín envuelto en papel de regalo y que en su interior lo único que hay es el veneno que los usurpadores dejaron, al mismo tiempo marcaron una meta y un camino para llegar, quién ya lo hizo dijo no encontrar allá nada, tan solo la desolación que produce la insatisfacción, pudo ver que por el camino sus bolsillos se fueron rompiendo dejando caer por el sendero el amor, la solidaridad, el saber y el aprender, la razón y el sentido común y, observó desde aquel lugar que la tierra que le vio nacer y que le cobijó durante miles de años ya no existía, era el mejor de los esclavos que llegó a la meta.
Ahora solo me queda pensar en veredas estelares, en ríos azules, en valles púrpura, en llanuras verticales congeladas, en bosques de otoño y fuentes de frescas aguas y, claro, en ti.

Seamos optimistas. Hay aún, y espero que siempre haya, espacio para la bondad y la humanidad, la contemplación del sol en el mediterráneo y la meditación sobre la vida.
ResponderEliminarY sigamos nomadeando ;)
Un saludo :)
Exacto, esa observación y ese pararse a pensar nos lleva a un estado, por llamarlo de alguna forma, marginal, nos incluye en una minoria que puede ser la semilla que aún guarda y saca a la luz, como un tesoro, los valores y el sentido común que otros se empeñan en ocultar.
EliminarSaludos!! :) :) :)