domingo, 14 de enero de 2018

La ventisca


 Intentaba escribir algo, pero con el cúmulo de sensaciones y emociones hasta hoy fué imposible, encendí la televisión pensando que al finalizar el año y ante tantos propositos habria cambiado el mundo en algo, lo que encontré fué el reflejo de una sociedad enferma e infantil, me vi saltando de un canal a otro sorteando telepredicadores barrigudos con tintes apocalípticos, gentes que escenificaban habilidades sin sentido, violentas noticias y, ni una nube que trajera agua hasta entonces.

Entre ese ir y venir me vino a la memoria un mes de marzo en el que los compañeros habían salido por la mañana al viejo refugio que aún existe y resiste los embates del tiempo y las tormentas,  el destino era el pico más occidental de la Sierra. La noche anterior habia nevado y el tiempo no era nada bueno, pero la aventura y la pasión por ella me hizo salir, mis pensamientos se llenaban de reflejos blancos y azules y de soles de invierno que calientan la espalda, entonces ya te buscaba, y mientras comenzaba a caminar cargado para varios dias, la niebla se fue adueñando de aquel espacio,  en un instante no habia ni camino ni horizonte, ni luces ni sombras, parecia que de un momento a otro emergiera de entre esa espesura Shangri-La, aquel lugar era solo una razón para existir y buscar horizontes lejanos donde encontrarse con la sabiduria de la tierra, para dejarse  amamantar por sus designios.

 Pronto comenzó a caer la noche y aquella pareja que  decidió acompañarme, sabiamente, optó  por retroceder y buscar refugio más abajo, mi incosciencia que es mi consciencia ahora, siguió  ese destino que en aquel instante era impensable que pudiera llevarme hasta aquí ahora al abrigo de este calor tan cercano. El viento se abrio paso entre las minúsculas particulas de la fria niebla y mis lentos pasos que, en ocasiones, se hundian en la nieve hasta más arriba de las rodillas, soplaba enfurecido, quizás me empujaba a tu busqueda, quizás sacarme de aquél maremagnun helado, frio y oscuridad, quizás también a que buscase mañanas cálidas de abrazos eternos, de tiempo detenido para siempre, pero aquella pasión era más fuerte que la tormenta, la nieve, como pequeños proyectiles impactaban en mis mejillas que era lo único de mi cuerpo a la interperie y otros que quedaban incrustados en la ropa, el vendaval me azotó haciendome perder el equilibrio y arrojándome contra la nieve en varias ocasiones, los hitos de la carretera cercana al albergue que marcan el camino a la estación casi no asomaban sobre la superficie helada, un camino llano en verano y tan dificil en ese momento pensé. La noche se hizo sin manto de estrellas, sin luz, solo el resplandor de la blancura, la baja temperatura hizo que toda la ropa se cubriese de una escarcha brillante, cristalina, polar, pero mis pensamientos perseveraban e iban tras aquel destino incierto.
Tal era la insistencia y la violencia del viento que paré,  cavé una pequeña fosa en la nieve con intención de buscar refugio en su interior, pasar ahi la noche y esperar a la mañana que traiga el sol caliente. Me metí dentro del saco, lo cerré, también los ojos y pareció amainar aquel estruendo, aquello que construi parecia una enorme fortaleza resistiendo en mitad de una batalla, enseguida el tiempo se detuvo con el destino y el sueño quedó atrapado en la eterna busqueda del sentido de los dias en aquel lugar inaccesible, en la frontera de lo indefinible, sin luces doradas que acariciar, sin caminos que recorrer, donde todo el universo se resumia a un solo instante, mientras, fuera, la nieve que iba cayendo llegó a sepultarme, su peso fue lo que me hizo darme cuenta y salir de alli, al levantarme,  un resplandor hacia el poniente me orientó nuevamente y rápidamente emprendi camino en busca de aquella luz, a los pocos pasos de nuevo la ventisca lo ocultó todo, incluso desapareció la noche, el paraiso se habia perdido, el firmamento con su cosmos quedo en un vago recuerdo engullido por aquella furia pero, la obstinación hizo que continuase en aquella dirección,  de nuevo apareció el resplandor en aquella noche, en aquel lugar inhabitado, cada vez se hizo más intensa hasta poder apreciar dos focos luminosos, mi pensamiento fue de estar en otro mundo o por el contrario,  otro mundo me invadia, quizás venias a buscarme, el miedo a lo indescriptible se apoderó de mi, la ventisca era tal que me llevó en busca de aquella luz pensando que me sacaria de alli, daba igual de que ser o de que seres  se trataba, habia que salir de allí,  aunque fuese a otro mundo,  quizas otro lugar donde todo existe y todo es posible, donde los sueños son realidad, donde las mañanas son de caminos esmeraldas y las noches de luceros incrustados en el corazón,  donde los dias son de oro y plata y donde suena la música del tiempo que se detuvo.

Aquella luz, desafiando los embates de viento y la nieve que volaba contra mi, se fue acercando y por fin pude comprobar que no eran seres extraños viajeros del espacio y que tal artilugio no era una nave espacial, mi congoja desaparecio cuando a escasos metros e interponiendose al viento para que pudiese acercarme se detuvo junto a mi, era una máquina de la Estación que andaba buscando a alguien que corrió la misma suerte y que afortunadamente aparecio en el pueblo allá abajo. Después me volví a encontrar, volvi a mis viejos caminos, volvi a este sendero por el que fui encontrando aquellos presagios que querian hacerse realidad y que entre sueños alguna noche desvelaban este horizonte donde estás.



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