sábado, 17 de marzo de 2018

Amaneció

Hay una hora en la que aún no ha amanecido y en la que tan solo se oye el motor del frigorifico y el inexorable latir del reloj. En el horizonte tan solo la primera luz que augura un nuevo amanecer. Las aves aún duermen y de la fogata de ayer solo queda un rescoldo que humea. Un silencio que recuerda el dia pasado y abre camino a la incertidumbre o la pasión por lo venidero, por verte. Sin casi percepciones, es un momento que acoge a una especie de oración con las sinceras profundidades del ser, el diálogo con la voluntad para no dejarse embaucar por la desidia que trae envuelta el confort enmascarado por el superfluo material que se adueña de las vidas navegando sobre la música de Orfeo.
Amanece con algunas estrofas breves y variadas de los mirlos que llegan madrugadores haciendo imperceptible aquel ruido y aquel latir.
Volvió a amanecer y de nuevo me encuentro caminando bajo la lluvia, la nieve y las ráfagas de viento que se incrustan en las mejillas, rodeado del olor de los primeros dias que hace impregnarse de la savia eterna de la naturaleza, entre el silencio, el golpear del agua helada sobre el chubasquero y los pasos que se abren camino sobre la nieve, el aire, el agua y la compañía que ante ese rigor se vuelve aún más terrenal y sincera.
A esas alturas no hay lugar para la improvisación ni la duda, hay que leer las nubes y escuchar el viento, tener presente siempre por donde salió el sol y al impredecible destino ponerle rumbo. La vida es algo así.
Las nubes bajaron a nuestro encuentro como un velo que convertía el horizonte en algo imaginario rayado por los trazos negruzcos de las ramas de los robles sobre su blanco grisaceo. El sendero oculto bajo la nieve estimula la intuición y los pasos la siguen sin pensar que puede haber bajo su manto helado mientras, el pensamiento, navega entre mares de éter, entre las olas del tiempo y, cuando la ventisca se levanta como polvo surgido del gélido manto que cubre la tierra, se detiene para otear el horizonte.
Aquellos senderos son otros lugares donde percibir la magnitud de las galaxias y llegar sobre la nave de arcano a atracar en el fondo del ser sin interferencias. Para recuperar la milenaria condición humana y venerar la sagrada naturaleza que nos cobija y alimenta, donde se da la circunstancia indispensable para la existencia.



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