martes, 31 de octubre de 2017
Allí
Alli es un lugar donde, si quieres no amanece o, quizás un lugar en el que tan solo existe el firmamento. Alli no hay líderes, tan solo extensos horizontes minerales de blanco helado que puedes pintar de púrpura al atardecer, horizontes lineales de extensas praderas azules y de océanos milenarios que te esperan. Allí el pueblo dejó de ser muchedumbre que viaja por la inercia asustado por los ladridos de los perros. Allí, estás erguido como una atalaya en la proa de la nave, cabalgando entre las olas sobre caballos blancos, despierto y fundido con la esencia de la tierra, el origen, donde empieza todo. Alli esta tu soledad y tu compañia, el Éter que ciega las batallas con su luz, alli estás lanzando los testículos de Urano para que de la espuma nazca Afrodita.
Alli es el lugar que elegimos para vivir al abrazo de Gaia, la herencia de la eternidad, ese lugar inabarcable plagado de estrellas que nos cobijan en la noche. Pon rumbo firme y, entre los senderos salpicados del frio rocío de la mañana, de los reflejos turquesa en la nieve, del barro fresco y oloroso que gruñe bajo las pisadas, camina sin estandartes de la mano de la dignidad.
Allí es el lugar reservado para el encuentro, el lugar prohibido por las creencias milenarias que como ciénagas atrapan los pensamientos que salen a navegar y, desorientados, caen en las garras de Cerbero.
Alli las fragancias son frescas, cálidas como los dias soleados de los inviernos de firmamentos nitidos donde no existe ningun mal, cuando te sumerges en ese infinito, las constelaciones marcan senderos que conducen a los fértiles lugares que fueron habitados con plenitud y que hoy buscamos como un paraiso perdido.
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