Aquél dia, mi alma, la que no sé donde duerme a ciertas horas y que en la duda no sé si existe, apareció y se derramó sobre el marfil blanco y negro del piano, navegué en tus sueños, como si miles de veces lo hubiese hecho, sin porqué ni como, te buscaba sin saberlo. De la misma forma mi pensamiento navegó rozando tu piel, acariciando tus sueños y, ahora casi puedo tocar tu respiración. La habitación acogía las primeras luces de los destellos del firmamento y, mis manos, libres, dejaban sobre cada nota vestigios incrustados en el tiempo que ahora puedes sentir cuando escuchas "la leyenda". Ahora ya es eterno aquel día, las galaxias quedaron impresas en imagenes y aquella música diegética desde entonces navega por otras constelaciones vibrando en ondas sin límite y saltando las barreras del espacio hasta llegar a hoy.
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