miércoles, 25 de octubre de 2017

Nubes

Hay veces que vivir en las nubes, sin llegar a  abandonar el cuerpo mientras la brisa fria, casi invernal, le aparta el alma como si saliese de las páginas de algún libro fantástico, es un viaje a un mundo dormido,  cuando esto ocurre y el gélido aire que trae entre sus serones los rayos del primer sol, cálidos como el hogar, atraviesan la piel recorriendo las venas e impregnando el pensamiento de la sabiduría cosmológica de la naturaleza, el mundo cotidiano desaparece y solo queda tu calor. Después, a lo largo de la mañana, la brisa se convirtió en viento que disolvió aquellas nubes que como galaxias extrañas aterrizaban en los valles, quedó la magnifica compañía con la que compartir aquel paraiso, aquellos dátiles y el soplo de tu aliento. Mañana volveremos en busca de la tundra que habita en las nubes para volver a navegar en ese espacio indescriptible.

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