A veces entre un paso y otro hay toda una existencia, a más altura y aguda la pesadez de la pendiente, los pensamientos desaparecen y se abren las alamedas del futuro empujado por las imágenes del pasado. Ahí eres tú, ahí nada de lo mundano existe. La existencia se reduce a un trago de agua, a respirar, a oler los vientos, a escuchar el silencio, a contemplar, y ante la emoción, lo que parece ser que se tragaron los océanos; agradecer, a la anaranjada mañana o a la púrpura tarde, vuelve a brotar desde el fondo del olvido.
El valle a los pies en su silencio lejano, aguardando al amanecer que llega con retraso, con multitudes frenéticas esperando los silbatos que marcan el dia mientras el céfiro de la tarde se acomoda y se cobija entre las rocas para pasar la noche oteando el firmamento nítido y cristalino, helado de altura y tintineante de astros perdidos en el tiempo esperando tu regreso. Seguramente volveré a subir aquella pendiente y dejar alli lo ingrato de la humanidad para que eternamente, como Sisifo, vage entre la aspereza de las rocas que habitan desde los confines de los tiempos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario