Dejamos de ser campesinos a consecuencia de las leyes que impuso el capitalismo que abrazó una burguesía arrogante y desconocedora de si misma, demoledora por su idiosincrasia, y que, para sostenerse, hicieron suyas las cosechas locales, los pequeños huertos, impusieron en su lugar las de ellos convirtiéndonos después en proletariado urbano despojados de nuestros bienes. En ese sentido poco ha cambiado desde entonces, ahora nuestras "tierras de cultivo" están sujetas a hipotecas de por vida, los campos donde se labraba ahora son departamentos, mamparas y lugares minúsculos donde pasamos la mayor parte del dia trabajando para entidades, corporaciones, empresas y estados a los que enriquecemos con nuestro trabajo a cambio de salarios ridiculos respecto de los suyos, imponen sus teorias y sus normas contra nosotros, se compran los gobiernos e invaden nuestra intimidad escrimiendo razones para que caminemos rumbo a un mundo material y ficticio en busca de su sentido de la vida, inservible para los pueblos y sólo lucrativo para ellos.
Crean un mundo feliz (ya lo describió Huxley) para que vivamos en él, mientras afirman políticamente que el adversario se equivoca, instaurando asi la descalificación, el caos y la desintegración de las culturas, la sociedad idiotizada. Siempre hubo manipulación de las gentes, pero, en esta época es sumamente más rápida y útil dada la rapidez con que se difunde todo por los canales de internet entre tanta ausencia de educación, instrucción y conocimiento de lo que existe. Edgar Morin dice; "Les temps contemporains nous montrent une technique qui se déchaîne en échappant à l'humanité qui l'a produite."
Pero en fin... seguí caminando, resulta un tanto extraño casi sin entrar el mes de septiembre un anuncio del otoño tan temprano y tan bello, algunos árboles visten colores no propios de la época, como si las estaciones se hubiesen desplazado. Será la naturaleza la que transforme nuestra cosmovisión, nuestros hábitos, la que imponga sus leyes contrarias a las de esta humanidad emergente.
Y subimos a las alturas, mas allá de la tundra, en el reino de las afiladas aristas. Nos refugiamos en aquella altitud, allá liberamos los pensamientos que cruzaron las fronteras de las águilas, allá el estío no existe, tocamos el cielo y el techo de la tierra. Y mientras caminas formando parte de la silueta del horizonte, los pensamientos se hacen más sutiles, trasciendes de la mediocridad, de lo común, de lo ordinario, de lo superfluo y llegas a lo obvio. La obviedad; siempre hemos convivido con y en la naturaleza, con todos los seres que la integran, incluida el agua como ser, resulta fundamental que nos abrace en las ciudades, que nos acompañe el sonido de las aves y del agua. Después, como tantas veces desde hace tantos lustros, bajé al mar. Me dijo la ola que guarda secretos de seres que partieron hacia una nueva vida, qué clase de humanidad arranca de su fondo los bienes más preciados, lava sus conciencias en sus aguas mientras deja sus despojos y a las gentes a la deriva.
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