En el mundo de la inmediatez que vivimos, la durabilidad y la resistencia, con el paso del tiempo, se difuminan, dejando ver el fondo que ahora subyace y en el que al mismo tiempo florece en esta nueva sociedad tecnológica donde nos encontramos, una forma de ser que hace que las relaciones entre las personas viajen a un ritmo y a un espacio alterado por la carencia de aquellos adjetivos que se desvanecieron entre espejismos, sin dejar espacio para la proyección, al análisis, a la crítica o a la descripción. Para esto último los sistemas instalan sus grandes altavoces con los que valiendose, además, de miserables artimañas, dañan las estructuras de los valores poniendo en su lugar la falsedad que disparan los enemigos de la tierra, el desprestigio que vociferan los candidatos y la manipulación que esgrimen las corporaciones.
Despojados de todas las actitudes y capacidades humanas hemos llegado a ser un producto condenado a arrojar, en el inframundo, eternamente agua al pozo sin fondo como las Danaidas mientras los estados entierran el saber, la educacion, la ciencia que asegura el futuro de las generaciones venideras y estudian para aplicar nuevas leyes biológicas de herencia orientadas al empobrecimiento de la especie humana.
Tártaro. Lapiz sobre papel. 21 x 29,7 cm - A4 - 85 g/m2.

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