jueves, 30 de noviembre de 2017

La nueva era

Lo triste de esta sociedad es que haya seres que sobreviven exprimiendo y por encima de los demás de diferentes formas, pero en concreto quiero referirme a los que lo hacen hurtándoles, sin afecto ni generosidad alguna,  lo que queda de sus medios economicos,  llevándoles a la miseria absoluta hasta perder incluso la dignidad y, ello, en nombre de la legalidad, que no quiere decir que, porque sea lícito, tenga que ser justo. Ahí está el nacimiento de la miseria humana, la falta de valores como la falta de afectos, de generosidad y humanidad. Quienes crean tal circunstancia estan infectados de la misería mental, diferente a la económica, donde no interviene la necesidad sino la intención, la codicia, aquello que los convierte en servidores del poder que hacen su trabajo porque, sino lo realizan, otros lo harán en su lugar cabalgando sobre la desgracia y el infortunio de otros, sin principios, con el solo objetivo de sobrevivir inmersos en una especie de simbiosis, en una estrecha relación  que hace depender del otro para su beneficio al amparo de una legalidad que vomita sobre la justicia.

En el mundo de la inmediatez que vivimos, la durabilidad y la resistencia, con el paso del tiempo, se difuminan, dejando ver el fondo que ahora subyace y en el que al mismo tiempo florece en esta nueva sociedad tecnológica donde nos encontramos, una forma de ser que hace que las relaciones entre las personas viajen a un ritmo y a un espacio alterado por la carencia de aquellos adjetivos que se desvanecieron entre espejismos, sin dejar espacio para la proyección, al análisis, a la crítica o a la descripción. Para esto último los sistemas instalan sus grandes altavoces con los que valiendose, además, de miserables artimañas, dañan las estructuras de los valores poniendo en su lugar la falsedad que disparan los enemigos de la tierra, el desprestigio que vociferan los candidatos y la manipulación que esgrimen las corporaciones.

Despojados de todas las actitudes y capacidades humanas hemos llegado a ser un producto condenado a arrojar, en el inframundo, eternamente agua al pozo sin fondo como las Danaidas mientras los estados entierran el saber, la educacion, la ciencia que asegura el futuro de las generaciones venideras y estudian para aplicar nuevas leyes biológicas de herencia orientadas al empobrecimiento de la especie humana.

Tártaro. Lapiz sobre papel. 21 x 29,7 cm - A4 - 85 g/m2.

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