El vacío de iniciativa relega el afecto a los abismos del olvido, llega inducido por la maldad que la ágil avidez de los encantadores de sueños sacan de la chistera para el asombro y la fascinacion que engulle seres en su beneficio, así se llega a la encrucijada donde parte el camino a la codicia y donde se abandona el de la honestidad y la honradez. Mientras tanto surge el abandono que lleva a delegar la responsabilidad a manos ajenas y turbias que se aferran a inmundos placeres que el poder les concede, saciando así la sed depredadora que el mundo moderno ofrece como un nuevo manjar.
La creatividad desaparece entonces invadida por los imitadores de sueños que anhelan la gloria de otros y, comienza a florecer el producto de lo superfluo y la ironia de la banalidad servida en bandeja de modo que el pensamiento queda aniquilado, inmóvil, dejando a un lado esa herramienta de análisis de personas, productos, ambientes y procesos que han permitido al hombre llegar a cosas nuevas y diferentes, a desarrollar el entendimiento, la empatía, que como otras tantas especies de este mundo parece ser encontrarse al borde de la extinción.
La actitud más frecuente y más fácil para una buena parte de la humanidad es, creerselo todo, no preguntarse el porqué y actuar conforme tal creencia, de la índole que sea y del canal que proceda, sin ningún esfuerzo para contrastarlo, lo contrario seria abandonar esa comodidad que los voraces sistemas proyectan en forma de consignas que imparten a los fieles sobre el comportamiento, las creencias, normas, actitudes, ideales, valores, con el único fin de alimentar ese propio sistema, limitar el pensamiento y provocar el vacío de iniciativa, modificando así el orden natural del ser, creando unas necesidades ficticias y obtener su objetivo deseado; satisfacer las miserias de sus fieles que previamente fueron creadas.
Por ello hay quien vende el amor, la amistad, incluso hasta las emociones a quien le promete saciar y satisfacer la sed infundida, dejando que sea otro el ejército que salga al campo de batalla, creando paraísos de lavaderos de conciencias para transformar la humildad, la modestia, el recogimiento, la vergüenza, la sencillez y la llaneza en la soberbia, la vanidad, en la pobreza y la bajeza, en la ruindad y en la indigencia, en un deterioro tan grande como el que sufre nuestra tierra, esa que nos alimenta, la que nos sobrecoge con sus luces y sombras, con su azul y sus eternos brotes, la que lo da todo, lo mas hermoso sin pedir nada a cambio, como puede haber tanto desagradecimiento?
Lapiz sobre papel, 21 x 29,7 cm - A4 - 85 g/m2.

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