No todas las batallas son como la que se libró en el valle de Udûn, ante la Puerta Negra de Mordor, ni como la victoria en la Batalla de los Campos del Pelennor, después de aquello la Comarca siguió su vida feliz, nadie que no fuese oriundo de allí podría salir de sus fronteras, quizas, para asi conservar el mundo que describe Ricardo Almenar en el fin de la expansión, el cambio de rumbo de un mundo oceánico a la sostenibilidad de un mundo insular, pero, aún hoy existen limites y, además, con muros crueles que los protegen absurdamente. Hay guerras que no pretenden nada de aquello, partiendo de la base de que cualquier guerra generalmente obedece a un interés económico, geopolitico, etnico, mayormente religioso y no de conservación, predomina este último desde hace más de dos mil años dada la obstinación de los creyentes y su forma de inyectar la propia moral al no creyente o al que profesa otra distinta. También como consecuencia de la demostración de supremacía económica o politica, la exhibición de poder de la civilizacion industrial, ahora tecnológica, globalizada para así enriquecerse aún más con el consentimiento de todos, pero con críticas y acciones no tan violentas a la ausencia de otras opciones más válidas y acordes a esta nueva era que tantas vidas está costando. Pero afortunadamente el propio poder creó hermosos lavaderos de conciencias, penitencias, absoluciones y limosnas para redimir el mal y no enojar a Caronte que te espera en la orilla de rio Aqueronte para emprender tu viaje previo pago, de lo contrario tendrás que vagar cien años por sus riberas.
Quizás andamos resolviendo el misterio de alguna profecía que versa sobre la comunicación entre los seres que habitamos este minúsculo planeta, mientras tanto y encontramos el lenguaje del entendimiento, el respeto absoluto y la paz, cuando hagamos nuestra la tolerancia y la diversidad puede ser que el vandalismo social de los que se erigieron a si mismos profetas por imperativo divino tengan que cambiar su discurso.
A estas alturas en la era de la cibernetica, la ética, la moral y la justificación por parte de los estados y parte de la sociedad la guerra no ha cambiado. Si son de otra forma los medios para hacerla y sus implicados y, dentro de estos, aquellos que son capaces de empuñar cualquier arma en nombre de la bandera, del profeta o de su dios.
Pero en el camino estamos en busca de aquella profecia. Ahora sabemos que tras la señalada batalla el ejército entró en Mordor destruyendo las fortalezas del norte de la Tierra Negra y, al final de la Tercera Edad del Sol, sus héroes junto con algunos Elfos salieron a bordo de un barco élfico rumbo a Aman, nunca más se les volvió a ver en la Tierra Media, quizás habitaron su mundo insular.
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