Cuantas horas colgado del firmamento sin hablar, al compás de los chasquidos de la lumbre mientras la humanidad se debate entre sombras y luces creando abismos insondables. La arrogancia de los humanos a esas horas se hace insoportable. Acompañado de un trozo de pan, alguna chazina y algo de vino, a esas horas, entre las pavesas que ascienden livianas, veo pasar astros perdidos que en tiempos remotos emprendieron su viaje sin rumbo, allá van silenciosos, quién sabe donde estará su misterioso destino. Entre el silencio que trae la noche, el ulular de los autillos y chirriar de las lechuzas, del altavoz de la radio, rozando el aire, sonaba Jon & Vangelis en "I hear you now".
Han pasado dias desde que comencé esta nota y el mundo ha cambiado radicalmente, ahora nos comunicamos por las redes, los abrazos son virtuales hasta nueva orden, el firmamento sigue ahí esperandote, esperando nuestra respuesta. Confinados sin respuestas pasan los dias inciertos y vacios de muchedumbres, columpiandonos en sueños antiguos aún por cumplir, arrestados por la naturaleza e incrédulos, aún no creemos que la soberbia humana sobrepasó los límites y nos impide ver más allá. Le daremos la razón a la naturaleza que lleva tiempo sin respuestas quejándose de nuestros atropellos y, sigue ahí, sobrecogiendonos a cada instante con su belleza, con su silencioso y estruendoso caminar sin pedir nada a cambio. Devastadora y regenadora, sin tiempo y antigua, con la sabiduría primaria que atravesó el tiempo desde los confines del génesis que alguna vez hubo de existir hasta llegar a nuestras torpes manos.
Los senderos que recorremos a diario estan marcados de encrucijadas, para elegir, tan solo hay que fijarse en los astros que nos acompañan y, algunas veces salir del camino y marchar oteando los horizontes con la brújula de la intuición, con la certeza de las nubes y los vientos, rodeando los barrancos con la mirada puesta en el destino, asi, durante el trayecto aprenderemos a amar las cosas más simples y navegar en nuestro cosmos interno.
Ya han pasado unos dias desde la última anotación, se pararon también las máquinas, entre este silencio que marca el cansino latir de reloj, llegó una lluvia presagiando el cambio de estación, en el bancal de abajo creció toda la broza, florecieron aún más el limonero y el naranjo y volvieron a lanzar a aire su fresco olor de azahar de la mano del yin yang que en este secreto equinoccio presagia esperanza. Quizás ahora aprendamos a vivir despacio al ritmo de las estaciones perdidas. Quizás encontremos en nosotros mismo un lugar como esta mañana de aire limpio, de nubes esporádicas y sol reconfortante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario