domingo, 21 de junio de 2020

En tránsito



Lejos de la butaca, recortando el horizonte hacia el sudeste, las siluetas de viejos montes, heridos por rectilíneos bancales plagados de repoblaciones antiguas de pinos alóctonos, recogen otra vez la caida del dia con sus últimas luces naranjas y amarillas, brillos antepasados que recorren esas llagas y que transportan a aquella época antigua en la que aún no se había desarrollado esta enfermedad global que afecta a la inteligencia, a la ética y al sentido común. La soberbia humana no sé si es algo inherente o, por el contrario, un germen que se fué inoculando a lo largo de los tiempos conforme adquiriamos la colonizadora conciencia del poder arrogantemente devastador, pero, sí es origen por lo que desde aquel entonces y, sin reconciliación con la naturaleza, comenzaramos a llenar las aguas cristalinas de los océanos de excrementos mientras las adoramos al ocaso con una copa en la mano a la orilla de una playa "chill out' o, profanamos la naturaleza que alberga los bienes comunes inherentes y que son un derecho inviolable de cualquier ser.
Casi siempre, el pasado o, la historia, ofrecen respuestas que sirven para dignificar el presente, ejemplos de la dañina existencia de la humanidad sin escrúpulos que, a su paso durante siglos, ha ido dejando un pestilente rastro, pero lo obviamos y, así, vivir en esta cápsula aséptica desde donde se lavan las conciencias con hipócritas gestos para seguir viviendo cómodamente esta era de extinciones masivas sin tener en cuenta las necesidades de las futuras generaciones.
Alli siguen las lomas heridas y, desde que comencé a escribir esta nota hasta hoy, seguimos atrapados por la eterna y monótona resilencia, han pasado dias con sus amaneceres y sus atardeceres, recibiendo aún luces del cosmos que hace siglos emprendieron su viaje para ahora alumbrar las noches frescas filtrándose entre el silencio roto del pasado confinamiento, mientras, hemos aprendido que ya no necesitamos crecer, sino, permanecer, que, consiste en observarnos como seres irrepetibles y reinsertarnos en la naturaleza abrazándola. Su esencia está en todo lo que creamos, incluso en los algoritmos que fabricamos y que nos distancian de ella, también en los pensamientos pasados y en las clarividencias que desembocan en descubrimientos para la ciencia que desde su concepcion ya forman parte de los bienes comunes, la creación humana, todo ello es naturaleza y no excusa para seguir deshonrando su sagrada existencia.
En las veredas, a cada recodo surgen imensas soledades aguardandote y a la noche galaxias que se reflejan en las lisas lajas. Allá puedes comprender que seguimos siendo nómadas que caminamos para estar.

https://soundcloud.com/ramonsanchez-1/in-transit
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