Las azofaifas ya emprendieron su camino, en septiembre darán sus frutos, ahora el verano avanza, es junio y estos días aún son frescos, los árboles están tupidos de verde, inundan la plaza de sombra y aún perdura su aroma, el de los tilos. En sus ramas, entre la frescura, pian los polluelos de los gorriones y las palomas se entrecruzan por los pies de las gentes picoteando las minúsculas semillas atrapadas en las juntas de las losas. Es el universo paralelo, es donde se vive, donde se respira la tierra, es una realidad desapercibida, en el otro encontramos el desamparo, los inocentes acusados, los ladrones acaudalados, las risas de los convictos, el uso ilegítimo del espacio público, la añoranza de lo que fue y la indignación de lo que queda y lo que dejamos, las cosechas extensivas que diezman las tribus y que sin abnegación acumulan las semillas como símbolo de poder, el amontonamiento de los ganados, el hacinamiento de lo inservible, los inconformistas comprados, revoluciones apagadas con promesas incumplidas. Y, para vencer el peso del desengaño y la decepción, paralelamente, se esculpen en las conciencias doctrinas panteístas sustentadas por fabricantes de sueños para persuadir a creer en su propio concepto de felicidad. ¿Quién hizo todo esto? ¿Quién creó ese segundo universo? Leonard Cohen dijo; "Encerraron a un hombre que quería dirigir el mundo. Los muy idiotas encerraron al que no era".
Todo es fruto obtenido de la tierra, incluso la inspiración en el sentido físico y metafísico, y ella -Gaia-, por el contrario, vuelve noblemente a dar sus frutos, pero, la arrogancia de muchos seres enturbia los sentidos de los otros y actúa con enojo contra su grandeza.
Nos
volvemos entonces increíblemente fugitivos de los olores que despide la
naturaleza, de sus íntimos colores y de su abrazo. Importa poco lo ajeno, su
espacio, con tal de llenar sólo el nuestro. Así se hurta el futuro impropio. El
concepto de felicidad de este siglo reside en poseer, en tenerlo todo obviando
compartir el ser único e irrepetible que llevamos a nuestro lado y que nos
hicieron invisible, y, ¿cómo fue? solo nos hicieron desviar la mirada hacia el
ojo de Sauron, Annatar, el señor oscuro, Gorthaur, El Nigromante, a la distopía
de George Orwell. Asi los prófugos del tiempo, -porque hay quién vive sólo en
el futuro-, corren en busca de quimeras instigadas cruelmente por los infames
jefes que gobiernan mercados y países, sin vivir las horas, atrapados en la
desafortunada prisa de vivir sin remedio ajenos a la bondad de la naturaleza
humana, despegados de la compasión y despechados de la tierra. Si hubieran
olido las madreselvas adornadas de la música de las aves tras las lluvia con
acento de olor húmedo, quizás reverdecerían sus dormidos valores de compasión;
("Sentimiento de pena, de ternura y de identificación ante los males de
alguien") Dalay Lama (digno de respetar [de respetar porque los
pensamientos, ideologías o creencias que su fin es adiestrar no son dignos de
ello] pues su pensamiento no pertenece a las doctrinas impositivas, si no, todo
lo contrario, una forma opcional y terrenal de entender e interpretar la vida,
una enseñanza de sabiduría más entre otras) habla constantemente de ello como
la "virtud sanadora o salvadora" de los feroces despropósitos y
ataques de esa parte de humanidad actualmente dominadora.
Las
sociedades verdaderamente libres, de democracias absolutas, aún están lejos de
llegar, la mayor parte de ellas están subyugadas a los caprichos de un
capitalismo ciego, excluyente, insolidario, carente de empatía y de compasión,
cargado de teorías hoy insostenibles que, por intereses contrarios a las
necesidades de los pueblos y afines a las de los gobernantes, (que no son sólo
de la clase política) son consideradas efectivas para ponerlas en práctica sin
tener en cuenta la erosión social, ecológica y biológica que originan, claro, y
siempre en favor de ese lucro que provoca la extinción de bienes comunes de
todas las naturalezas, incluso aquellos que durante miles de años quedaron
imperturbables. Hasta las estaciones del año van desapareciendo, cuando hacía
frio ya no lo hace tanto y cuando hacía calor, ahora es el doble, incluso,
entre otros, los cerezos florecen antes, las hojas del otoño se quedan en las
ramas hasta bien entrado el invierno, algunas aves no emprenden su migración,
viajan más cerca o más lejos, según, en otros casos cambian de hábitat.
La
forma de actuar de buena parte de la humanidad desarrollada, actualmente, se
podría enmarcar en una esfera puramente infantil, desproporcionadamente ingenua
e inmadura, la creación de cualquier obra está, en su mayoría, exenta de
valores críticos, lejos de ser revolucionaria y cargadas de amabilidad y al
mismo tiempo de violencia como signo de civilización. Las grandes obras de
siglos atrás, cuando aún el capital no llegaba a los límites actuales, por
ejemplo; en la esfera de la música, estaban llenas de frases e indicaciones
señalando directamente al espacio íntimo de la persona, al tan necesario
recogimiento interior, a las soledades de la reflexión, a los lugares donde el
poder no puede llegar, a la razón. Un refugio del devenir desordenado de
algunos días, una excusa para mirar las nubes, para descifrar códigos secretos
y exteriorizar el "alma". Obras que han perdurado hasta hoy y que
abrieron paso a la transformación y al desarrollo dando origen a otros géneros,
apareciendo entre ellos algunos de pobres estructuras armónicas aún tribales que
las industrias del capital supieron captar y aprovechar como mercancías muy
beneficiosas y adornar así sus productos con ellas, son necesarias, sobretodo,
para los ejércitos de Sauron y con las que las tropas de Orcos van a la guerra.
Tan pobres de armonía que no incitan al pensamiento ni ayudan al
enriquecimiento interior. Tienen su valor, claro, pero son convertidas en el
vellocino de oro de las compañías que las esgrimen como un único símbolo de
modernidad, de avance, con constantes sobredosis auditivas sonando al mismo
tiempo en cualquier lugar de la tierra, con ellas suplen aquellas sensaciones
por emociones y percepciones generadas mediante un predominante sistema
embaucador, y asi, excluir las primeras y persuadir de aquellos efectos
guiándonos hacia un pensamiento único mas fácil de gobernar, creando para ello
una nueva semiótica plagada de signos dirigidos hacia esos estratos sociales capaces
de engullir todo lo opuesto a aquello y, ante la ausencia de esas emociones,
manejar la noble esencia de los pueblos, dirigirlos hacia otros hábitats de
ocio insostenible y mercantilista, frenético, devastador, similar al de la
masificación que padece el actual turismo depredador de recursos humanos,
sociales y naturales, incorporándolas como otro medio más solamente lucrativo y
muy beneficioso para solo algunos, como siempre. Imaginemos cómo sería este
mundo, si, en el caso contrario, se hubiesen tomado como modelo de referencia y
apareciesen en las grandes listas mundiales de oyentes; el clasicismo, el
romanticismo, el barroco, Samuel Barber, Henryk Gorecki, Arvo Pärt, Alfred
Schnittke, incluso la música atonal, o, la del siglo XX, el rock sinfónico, o
en otro género, quizás Bill Evans, o, también los "malditos" Klaus
Nomi, Holger Czukay o Walter Carlos, o puede que Donovan o Tengerine Dream,
Ryuichi Sakamoto o Klaus Schulze. Hilario Camacho, Amancio Prada, Atahualpa
Yupanqui, Alfredo Zitarrosa, José Larralde, King Crimson o Pink Floyd, y asi
una larga lista de discursos totalmente distintos y contrarios a aquellos que
se sitúan en esas listas en las que al obtener ese puesto, se erigen como baluartes
de una música introducida ferozmente en un sistema puramente económico y
explícitamente inductor y excluyente.
Así
es todo, impera la máxima del descrédito de lo ajeno para lo propio. Pero, eso
es, todo eso ya lo sabemos, habrá que empezar por uno mismo. Cuando descubras
tu verdadero "espíritu" -no en el sentido teológico- podrás beber de
él, brillarás con tu "propia" luz.
Empecé
hablando de las azofaifas, de las ramas de los árboles, del bosque, es curioso
que al cruzarse con alguien desconocido en el bosque se saluda deseando buen
día, es el mejor ejemplo de la bondad y sabiduría que transmiten los árboles.
La naturaleza brilla porque siempre incansablemente busca el equilibrio y, en él,
reside la belleza. Esa fórmula la comunican como un mensaje certero para que
nuestros actos sean similares y nuestros senderos desemboquen en la siempre
nombrada Ítaca. Mientras, por el sendero nos vamos encontrando con los señores
de la bendita y necesaria soledad, los vigías de tu tiempo, nuestros vestigios,
el futuro de nuevas generaciones y las señales que marcan veredas que conducen
a lugares seguros donde arribar. Son árboles, son seres ancestrales, son el
tiempo hecho materia. En ese camino estás, rodeado de la plenitud que en
tiempos oscuros se vuelve invisible ante aquella manipulación. Otra vez te
dije; "Te cubrieron de hojalata para que tras ella no germinases y de nada
sirvió".
Hay
huellas que, si las sigues de cerca, te conducen a minúsculos paraísos, a
lugares donde otear el horizonte, donde impregnar las retinas de verde.
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