miércoles, 21 de julio de 2021

Fabricantes de sueños.

 

 

    Las azofaifas ya emprendieron su camino, en septiembre darán sus frutos, ahora el verano avanza, es junio y estos días aún son frescos, los árboles están tupidos de verde, inundan la plaza de sombra y aún perdura su aroma, el de los tilos. En sus ramas, entre la frescura, pian los polluelos de los gorriones y las palomas se entrecruzan por los pies de las gentes picoteando las minúsculas semillas atrapadas en las juntas de las losas. Es el universo paralelo, es donde se vive, donde se respira la tierra, es una realidad desapercibida, en el otro encontramos el desamparo, los inocentes acusados, los ladrones acaudalados, las risas de los convictos, el uso ilegítimo del espacio público, la añoranza de lo que fue y la indignación de lo que queda y lo que dejamos, las cosechas extensivas que diezman las tribus y que sin abnegación acumulan las semillas como símbolo de poder, el amontonamiento de los ganados, el hacinamiento de lo inservible, los inconformistas comprados, revoluciones apagadas con promesas incumplidas. Y, para vencer el peso del desengaño y la decepción, paralelamente, se esculpen en las conciencias doctrinas panteístas sustentadas por fabricantes de sueños para persuadir a creer en su propio concepto de felicidad. ¿Quién hizo todo esto? ¿Quién creó ese segundo universo? Leonard Cohen dijo; "Encerraron a un hombre que quería dirigir el mundo. Los muy idiotas encerraron al que no era".

    Todo es fruto obtenido de la tierra, incluso la inspiración en el sentido físico y metafísico, y ella -Gaia-, por el contrario, vuelve noblemente a dar sus frutos, pero, la arrogancia de muchos seres enturbia los sentidos de los otros y actúa con enojo contra su grandeza.

     Nos volvemos entonces increíblemente fugitivos de los olores que despide la naturaleza, de sus íntimos colores y de su abrazo. Importa poco lo ajeno, su espacio, con tal de llenar sólo el nuestro. Así se hurta el futuro impropio. El concepto de felicidad de este siglo reside en poseer, en tenerlo todo obviando compartir el ser único e irrepetible que llevamos a nuestro lado y que nos hicieron invisible, y, ¿cómo fue? solo nos hicieron desviar la mirada hacia el ojo de Sauron, Annatar, el señor oscuro, Gorthaur, El Nigromante, a la distopía de George Orwell. Asi los prófugos del tiempo, -porque hay quién vive sólo en el futuro-, corren en busca de quimeras instigadas cruelmente por los infames jefes que gobiernan mercados y países, sin vivir las horas, atrapados en la desafortunada prisa de vivir sin remedio ajenos a la bondad de la naturaleza humana, despegados de la compasión y despechados de la tierra. Si hubieran olido las madreselvas adornadas de la música de las aves tras las lluvia con acento de olor húmedo, quizás reverdecerían sus dormidos valores de compasión; ("Sentimiento de pena, de ternura y de identificación ante los males de alguien") Dalay Lama (digno de respetar [de respetar porque los pensamientos, ideologías o creencias que su fin es adiestrar no son dignos de ello] pues su pensamiento no pertenece a las doctrinas impositivas, si no, todo lo contrario, una forma opcional y terrenal de entender e interpretar la vida, una enseñanza de sabiduría más entre otras) habla constantemente de ello como la "virtud sanadora o salvadora" de los feroces despropósitos y ataques de esa parte de humanidad actualmente dominadora.

    Las sociedades verdaderamente libres, de democracias absolutas, aún están lejos de llegar, la mayor parte de ellas están subyugadas a los caprichos de un capitalismo ciego, excluyente, insolidario, carente de empatía y de compasión, cargado de teorías hoy insostenibles que, por intereses contrarios a las necesidades de los pueblos y afines a las de los gobernantes, (que no son sólo de la clase política) son consideradas efectivas para ponerlas en práctica sin tener en cuenta la erosión social, ecológica y biológica que originan, claro, y siempre en favor de ese lucro que provoca la extinción de bienes comunes de todas las naturalezas, incluso aquellos que durante miles de años quedaron imperturbables. Hasta las estaciones del año van desapareciendo, cuando hacía frio ya no lo hace tanto y cuando hacía calor, ahora es el doble, incluso, entre otros, los cerezos florecen antes, las hojas del otoño se quedan en las ramas hasta bien entrado el invierno, algunas aves no emprenden su migración, viajan más cerca o más lejos, según, en otros casos cambian de hábitat.

    La forma de actuar de buena parte de la humanidad desarrollada, actualmente, se podría enmarcar en una esfera puramente infantil, desproporcionadamente ingenua e inmadura, la creación de cualquier obra está, en su mayoría, exenta de valores críticos, lejos de ser revolucionaria y cargadas de amabilidad y al mismo tiempo de violencia como signo de civilización. Las grandes obras de siglos atrás, cuando aún el capital no llegaba a los límites actuales, por ejemplo; en la esfera de la música, estaban llenas de frases e indicaciones señalando directamente al espacio íntimo de la persona, al tan necesario recogimiento interior, a las soledades de la reflexión, a los lugares donde el poder no puede llegar, a la razón. Un refugio del devenir desordenado de algunos días, una excusa para mirar las nubes, para descifrar códigos secretos y exteriorizar el "alma". Obras que han perdurado hasta hoy y que abrieron paso a la transformación y al desarrollo dando origen a otros géneros, apareciendo entre ellos algunos de pobres estructuras armónicas aún tribales que las industrias del capital supieron captar y aprovechar como mercancías muy beneficiosas y adornar así sus productos con ellas, son necesarias, sobretodo, para los ejércitos de Sauron y con las que las tropas de Orcos van a la guerra. Tan pobres de armonía que no incitan al pensamiento ni ayudan al enriquecimiento interior. Tienen su valor, claro, pero son convertidas en el vellocino de oro de las compañías que las esgrimen como un único símbolo de modernidad, de avance, con constantes sobredosis auditivas sonando al mismo tiempo en cualquier lugar de la tierra, con ellas suplen aquellas sensaciones por emociones y percepciones generadas mediante un predominante sistema embaucador, y asi, excluir las primeras y persuadir de aquellos efectos guiándonos hacia un pensamiento único mas fácil de gobernar, creando para ello una nueva semiótica plagada de signos dirigidos hacia esos estratos sociales capaces de engullir todo lo opuesto a aquello y, ante la ausencia de esas emociones, manejar la noble esencia de los pueblos, dirigirlos hacia otros hábitats de ocio insostenible y mercantilista, frenético, devastador, similar al de la masificación que padece el actual turismo depredador de recursos humanos, sociales y naturales, incorporándolas como otro medio más solamente lucrativo y muy beneficioso para solo algunos, como siempre. Imaginemos cómo sería este mundo, si, en el caso contrario, se hubiesen tomado como modelo de referencia y apareciesen en las grandes listas mundiales de oyentes; el clasicismo, el romanticismo, el barroco, Samuel Barber, Henryk Gorecki, Arvo Pärt, Alfred Schnittke, incluso la música atonal, o, la del siglo XX, el rock sinfónico, o en otro género, quizás Bill Evans, o, también los "malditos" Klaus Nomi, Holger Czukay o Walter Carlos, o puede que Donovan o Tengerine Dream, Ryuichi Sakamoto o Klaus Schulze. Hilario Camacho, Amancio Prada, Atahualpa Yupanqui, Alfredo Zitarrosa, José Larralde, King Crimson o Pink Floyd, y asi una larga lista de discursos totalmente distintos y contrarios a aquellos que se sitúan en esas listas en las que al obtener ese puesto, se erigen como baluartes de una música introducida ferozmente en un sistema puramente económico y explícitamente inductor y excluyente.

    Así es todo, impera la máxima del descrédito de lo ajeno para lo propio. Pero, eso es, todo eso ya lo sabemos, habrá que empezar por uno mismo. Cuando descubras tu verdadero "espíritu" -no en el sentido teológico- podrás beber de él, brillarás con tu "propia" luz.

    Empecé hablando de las azofaifas, de las ramas de los árboles, del bosque, es curioso que al cruzarse con alguien desconocido en el bosque se saluda deseando buen día, es el mejor ejemplo de la bondad y sabiduría que transmiten los árboles. La naturaleza brilla porque siempre incansablemente busca el equilibrio y, en él, reside la belleza. Esa fórmula la comunican como un mensaje certero para que nuestros actos sean similares y nuestros senderos desemboquen en la siempre nombrada Ítaca. Mientras, por el sendero nos vamos encontrando con los señores de la bendita y necesaria soledad, los vigías de tu tiempo, nuestros vestigios, el futuro de nuevas generaciones y las señales que marcan veredas que conducen a lugares seguros donde arribar. Son árboles, son seres ancestrales, son el tiempo hecho materia. En ese camino estás, rodeado de la plenitud que en tiempos oscuros se vuelve invisible ante aquella manipulación. Otra vez te dije; "Te cubrieron de hojalata para que tras ella no germinases y de nada sirvió".

    Hay huellas que, si las sigues de cerca, te conducen a minúsculos paraísos, a lugares donde otear el horizonte, donde impregnar las retinas de verde.




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