jueves, 19 de agosto de 2021

Agosto

 

Agosto, el mes de las cabañuelas, y mientras pasan las horas, aquí, entre tanto, buscando pasadizos secretos, recónditos lugares que habitan tras las cortinas mientras que las musarañas se asoman entre los pliegues, y, aparecen caminos que anduvimos hace ya tiempo, los que soñamos y los que vendrán de la mano con la mejor compañía. Tras ellas también hay veranos escondidos, agazapados para atraparnos, de frescas charcas, tendidos de campos amarillos, de humildes cereales durmientes, de olor a hierba seca a la hora del atardecer o a la lúcida mañana húmeda, a lomos de su olor pasa la memoria, se posa y se mezcla con el ahora a la hora en que los zancudos atacan cruelmente sin piedad ávidos de sangre joven. Al unísono del calor, la memoria se disuelve y visita los vórtices de la tierra que anduvimos donde conectarse con otras realidades. Donde aquellos de entonces vivieron casi retenidos por la naturaleza, envueltos en inviernos casi eternos, en estaciones inalteradas, en veranos repletos de ventisqueros y primaveras de riveras. En otoños ruidosos de sinfonías de hojas. Carpe diem. Y navegamos observando a los escarabajos y a los zorros, a las águilas y al acentor, al pie de los signos curiosos que atraen la voluntad y representan la belleza, donde anidan los paraísos de horizontes verticales plagados de nieves eternas, sacralizados, después banalizados, y, más tarde, casi esquilmados por la incoherencia humana. Espacios que se han convertido, no en refugio de la intimidad del ser, si no, en verdaderos multitudinarios "safaris" que traen consigo daños a los recursos naturales y culturales sin ninguna clase de intercambio, invadidos de meros observadores que sólo deambulan tomando automáticamente y sistemáticamente las mismas imágenes para importarlas a los mismos lugares de la tierra a través de las redes, gentes que cruzan continentes y océanos para captar una imagen mientras se alimentan de comidas industriales importadas, lejos de parecerse a las de la gastronomía local. En ese caso, el intercambio de culturas es inexistente, la fórmula que pone en movimiento esa actitud viene diseñada por entidades e instituciones de filosofías anacrónicas, lejanas a los tiempos y a los cambios estructurales que irremediablemente se avecinan impuestos por el terrible deterioro global en todos los sentidos. Las culturas siempre han interactuado en favor del intercambio de bienes, de ciencia y conocimiento, y ahora, el intercambio es sólo económico de consecuencias devastadoras, lejos del verdadero enriquecimiento. Después de tantas crisis creadas y padecidas a lo largo de las últimas décadas, además de la pandemia, se ha conseguido esquilmar el bienestar y parte de la dignidad de los pueblos mediante el saqueo y la incursión de nuevos valores creados vilmente y explícitamente como necesarios y verosímiles, imponiendo necesidades y obligaciones que rompen el marco de la libertad provocando lógicamente la insolidaridad, la intolerancia, la usura, el deterioro de la cultura y el aumento de la incomprensión y la inconsciencia, expulsando de su lugar la compasión, en este campo de batalla queda extendida en la piel de la sociedad como un cadáver; la miseria en todos los sentidos, material, física, mental, filosófica y espiritual, produciendo que; "cuando el hoy cuesta vencer, no se puede pensar en el futuro", en esta época la libertad se compra de forma distinta a los tiempos de la esclavitud. Para ser verdaderamente libre y sobrevivir en este mundo es necesario someterse a los caprichos del dinero, de las “imposiciones y obligaciones” que le acompañan sin que nadie ponga freno a tan gigantesco despropósito deshumanizador que divide las sociedades comprando ideologías y tergiversando las políticas sociales y humanitarias. La naturaleza, claramente por ello afectada, reclama el espacio que le fue usurpado y se revela con constantes cambios. Los fines de cada actuación humana, incluidos los del pensamiento, no pueden ser solamente económicos, deben dirigirse y adecuarse, sine qua non, a la base de todas las pirámides que sostienen globalmente a las sociedades, a la re-generadora de vida y riqueza que es la naturaleza, a su sostenibilidad. Será ella quién imponga nuevos hábitos, quién defina y trace nuevos senderos, quién tenga la última palabra acerca de nuestra forma de vida, quién acentúe donde no hay.

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